DANA

DANA. Lo que quedó bajo el barro.

Estas fotografías nacen de los días posteriores a la DANA que golpeó nuestra tierra.

No pretenden explicar todo lo ocurrido, ni abarcar el dolor de quienes lo perdieron todo o casi todo. Son solo fragmentos de un lugar herido: calles cubiertas de barro, casas abiertas, objetos arrancados de su sitio y personas intentando sostenerse unas a otras cuando todo parecía haber fallado.

Fotografiar aquello fue difícil. Había silencio, rabia y pudor.
Silencio por lo perdido. Rabia por la sensación de abandono, por la falta de previsión, de respuesta y de cuidado en momentos en los que cada minuto importaba. Y pudor porque, ante el dolor ajeno, la cámara solo puede estar si se coloca desde el respeto.

Este proyecto no busca convertir la tragedia en imagen bonita. Busca dejar constancia.

Recordar que detrás de cada calle destruida había vidas, animales, hogares, memoria, trabajo y vínculos. Recordar también que una catástrofe natural se vuelve todavía más cruel cuando quienes la sufren sienten que llegan antes las manos vecinas que las respuestas que deberían haber estado.

Y, aun así, en medio del horror, apareció algo inmenso: la gente. Personas limpiando, acompañando, cargando cubos, compartiendo comida, entrando donde hacía falta entrar. Una red improvisada de cuidado allí donde muchas personas se sintieron solas.

Estas imágenes son una forma de memoria.
Una manera de mirar sin apartar la vista.

Porque lo que ocurrió no debería diluirse con el tiempo ni quedar reducido a una noticia más. Hubo barro, hubo miedo, hubo ausencia. Y también hubo una dignidad enorme sosteniendo lo que otros no supieron sostener a tiempo.